Por Carmen Andreu
Fiscal TSJ Valencia

Se llama Adibine, es muy joven. Vino a España siendo un niño desde Marruecos, con la pretensión familiar de que fuera su sustento.

Como era un niño, estuvo acogido en un centro, cuando cumplió 18 años ya no pudo estar allí.

Se encontró en la calle o en albergues temporales en los que sólo podía estar unas horas al día, el resto en la calle.
La poca formación que logró obtener, no le posibilitó un puesto de trabajo. No consiguió renovar su permiso de residencia. No tenía nada.

Sobrevivió como pudo; algunos intentaron ayudarle sin conseguirlo. Necesitaba todo.

Su orgullo de superviviente le impidió volver a su país, sin haber obtenido lo que de él se esperaba.

Vivió la calle y la inocencia desapareció de su rostro.

Un día lo detuvieron por algo que no había hecho, sí quien le acompañaba, árabe también. Como no era culpable, no se sentía así, por lo que dejó la citación para juicio al alcance de cualquier compañero de un piso, que temporalmente y con mucha suerte ocupó; la vieron, se asustaron, lo tiraron; otra vez en la calle.

Hubo juicio, su abogado de oficio le dijo que se conformara, él no quería, pero no entendía bien lo que estaba pasando en la sala de juicios, se asustó; finalmente aceptó ser responsable  sin serlo, lo condenaron.

La rabia y la desesperación se apoderaron de él. Lo volvieron a detener, esta vez sí era responsable. Lo condenaron.

Lo iban a expulsar. Desapareció. Ha estado en varios lugares, sigue buscando un espacio, una oportunidad.
No quiere volver a su país.