IN MEMORIAM MIGUEL GUTIERREZ

    Querido Miguel, como bien sabes tu muerte me sorprendió en mi Galicia y por ello no me enteré de tu muerte hasta que llegue a mi Alicante. Sufrí, y trate de enterarme de lo que había pasado; un amigo común Lopez Coy, más bien su mujer, venían en coche de mi tierra, me explico lo que había sucedido. La verdad, lo “gordo”, era tu muerte, lo demás era saber un poco más. Miguel, me vino a la memoria  como nos conocimos, unas tertulias que con Pepe Lassaleta organizamos en el café Teatro, y nuestra primera conversación. Hablamos enseguida de otro amigo y también fiscal que los dos queríamos mucho, José Maria de Mena. Yo conviví con él en Madrid, y tú lo acogiste en tu casa de Lérida motivado por  una especie de “alejamiento forzado” de Barcelona. Siempre las dictaduras persiguen a los mejores.

Luego te invite a mis programas de TV con gran acierto por mi parte, dada tus enormes conocimientos intelectuales y también jurídicos. Te hice una entrevista de una hora y media en el Puerto de Alicante con Canal 15 (que maravilla de TV era aquella, la añoro). Recuerdo todo lo que te pregunté y todo lo que nos contestaste (a mi y los que veían aquella TV ya desaparecida, lo bueno nos deja Miguel). Mi primera pregunta fue: qué representa para usted el Barrio de Las Carolinas y su hermano Pepe. Luego vinieron otras como la guerra civil, la casa de la partida de les Bogueres de San Vicente; tu primer libro “Vientos del Pueblo” y la primera radio que escuchaste: Radio España Independiente; sobre como a los 11 años escribiste sobre el Misterio de Elche; de un gran fiscal Jesús Vicente Chamorro , de Miguel Hernández, de Ignacio Gallego; hablamos, como no, del amor a tu mujer, a tus hijos, el biólogo y la abogada, de tus queridos nietos, de su madre que según usted tenia un parecido físico a la Pasionaria; en fin, hablamos también del fracaso de la judicatura, al no votar por ti en un cargo muy merecido en Murcia, etc. Mi presentación, espero que la recuerdes Miguel, fue: es una gran persona, fiel a sus orígenes y a las ideas que siempre le salen del alma, no teme enfrentarse a ningún Goliat, pero siempre con el derecho en la mano; amigo de sus amigos, que en principio, pueden serlo todos.

Me regalaste un maravilloso libro escrito por ti, “Proceso y Expediente Contra Miguel Hernández”, lo tengo como una reliquia (en mi biblioteca lo tengo junto a cinco libros de nuestro poeta Migue)l, y tu dedicatoria (si no te parece mal la expondré en este artículo):” A Agustín Villanueva, hernandiano de cabeza y de corazón, en reconocimiento a su independencia, apertura intelectual y hombría de bien. Su Amigo Miguel, Alicante Agosto 2001”. Gracias Maestro y amigo. Me acordaré siempre de ti, y tú acuérdate de nosotros, de tu familia, seguro que todos los días, de los demás de vez en cuando.

Recuerdo otra maravillosa dedicatoria tuya dedicada a los esforzados protagonistas de estos procesos: En memoria del sacrificio y valentía de todos aquellos que fueron objeto, que no sujeto, de los juicios de la cruenta represión franquista; a aquellos que sucumbieron y a los que lograron sobrevivir”. Con palabras de ALBERTI, digo:
Juan Panadero en la guerra
Fue tan sólo Juan soldado,
Un Juan soldado cualquiera,
… lo mismo que Juan o Antonio,
SANGRE CALIENTE DEL PUEBLO
Paz y salud para los injustamente perseguidos.

Ahora tu y yo podemos sentir la recia voz de otro poeta:

“Voluntario de España, miliciano,
De huesos fidedignos, cuando marcha a (morir tu corazón,
…. No sé verdaderamente qué hacer, dónde (ponerme…”

Al hablarme, mi buen amigo, del otro Miguel que tanto queríamos, me dijiste que un obrero autodidacta e ilustrado, masón y anarcosindicalista, puso en tus manos de niño adolescente, un sobado “Viento del Pueblo” que olía a macuto y pólvora y guardaba celosamente en su clandestina biblioteca. El obrero, me dijiste, era un topo del franquismo que no había tenido la fortuna de alcanzar el desamparo del exilio. Se escondía con temple, en un desván, al que pocos teníais acceso, entre sus contados y amados libros y los muchos recuerdos de la hispana ocasión perdida. Ni el libro que te prestó, ni el poeta que lo parió, figuraban en tu Antología de bachiller. Cuando fuiste a devolverle el libro el desván se hallaba vacío; ni el obrero, ni su biblioteca estaban allí.

Querido Miguel, quiero terminar con lo que nos decía el poeta Miguel Hernández:

Aquí estoy para vivir
Mientras el alma me suene,
Y aquí estoy para morir,
Cuando la hora me llegue,
En los veneros del pueblo
Desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
Y un solo trago es la muerte.

Amigo Miguel, IN AETERNUM.

 

Agustín Villanueva
Profesor de Análisis y Evaluación Política UMH
2008/07/12